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Monte San Lorenzo

¿Cumbre en Patagonia? Un relato de un guía de montaña

Por: Sergio Fuentealba, guía de montaña.

 

Región de Aysén, cerro San Lorenzo. Una de las montañas más altas de la Patagonia y la segunda cota dentro de la región. Con sus 3706 metros sobre el nivel del mar y un clima particular, es un destino bastante técnico para montañistas experimentados y complejo de abordar, dependiendo de las condiciones climáticas.

Ubicado hacia el este de los Campos de Hielo Norte en Chile, entre la cordillera de Los Andes y el límite con Argentina, este cerro se encuentra en territorio compartido con ambos países.

Unos días de noviembre, hace unos años atrás tuve la fortuna de guiar una expedición a este cerro. Solamente la posibilidad de volver a Aysén fue un regalo. Pasé toda mi primera infancia en la región y guardo desde aquella época los mejores recuerdos. Más tarde, ya decidido a hacer mi vida junto a la montaña, viví durante 15 años en la zona y pese a que no he tenido la posibilidad de recorrer demasiado el mundo, de todo aquello que conozco, este rincón sin duda es mi lugar favorito. Es una región de paisajes fascinantes, inmensidad y belleza por donde mires, distancias de soledad, libre de intervención humana y también zonas pobladas por gente sencilla y de costumbres cargadas de historia.

Patagonia, en general, ofrece un sin número de actividades outdoor capaces de entregar excelentes experiencias tanto a personas sin formación deportiva, como también a los más experimentados.

Por ejemplo el Circuito o la W del Parque Torres del Paine son lugares para realizar trekking que no requieren de expertise técnica en montaña. No es el caso del San Lorenzo.

Éste y otros cerros de la Patagonia tienen particular interés por los alpinistas, y las expediciones a este lugar principalmente tienen como fin poner en práctica las destrezas de alta montaña. Por eso no es un destino turístico tan usual y tuve la suerte de estar ahí para una expedición memorable.

Llegué unos días previos a mis clientes a preparar todo lo necesario para recibirlos. Desde la confirmación de los alojamientos, preparar el equipo necesario y comprar aquello que íbamos a consumir y cuando se trata de viajes co-creados y estableciendo un vinculo previo, la elección de todo aquello sin duda permite mejorar la experiencia.

 

Monte San Lorenzo    Monte San Lorenzo

Reconocimiento inicial

La primera ascensión al monte San Lorenzo fue año 1943 y fue realizada por el padre Alberto De Agostini a los 60 años de edad. Esto lo hace un destino reconocido dentro del mundo alpinista italiano. Y probablemente es por eso que ahí estaba yo, junto a Stefano y Giannina, una pareja de italianos de unos 70 años, amantes de la montaña y decididos a realizar juntos su última expedición de complejidad técnica en este lugar.

Luego de recogerlos en el aeropuerto iniciamos el recorrido por la Carretera Austral rumbo al sur, con destino a nuestro campamento base en el Lodge Terra Luna, Puerto Guadal.

Físicamente se veían muy fuertes, venían muy bien equipados (como dato curioso, con cámara de rollo de diapositivas) y como buenos montañistas, muy enfocados en su destino y sin tanto interés en otros atractivos que pudiese ofrecer la región.

Pese a que el idioma no nos acompañaba, nuestro tema en común hizo posible una comunicación tan fluida como para hacer bien mi trabajo como guía y establecer un vínculo lo suficientemente fuerte como para entender sus intereses y limitantes durante el recorrido.

 

Iniciando la expedición

La ruta de Agostini es la más clásica para realizar este ascenso. Se accede por el Fundo San Lorenzo, perteneciente a la cariñosa y estimada familia Soto. Desde Terra Luna hasta el refugio del fundo hay un tramo de 5 horas de viaje en vehículo, por lo que llegamos únicamente a descansar, ajustar el equipaje y priorizar los alimentos para el ascenso. Ellos traían su “contrabando” de quesos y embutidos italianos que sazonaron aún más la expedición. Según Stefano, “la vida sin ellos no es vida”.

Noviembre es considerado el peor mes para este tipo de expedición. Es la época en que hay más viento y aún caen nevadas. Pero ahí estábamos nosotros, ajustando el itinerario en función del clima que no se veía realmente favorable.

Al siguiente día comenzamos a dar los primeros pasos hacia la montaña. Una caminata inicial nos llevó al campamento base de Agostini, una cabaña en medio del bosque con las comodidades básicas para dormir y comer, y si bien yo era el encargado de cocinar, ellos, como buenos italianos también se sumaron a la actividad y un arroz graneado ¡se convirtió en un risotto inolvidable!

A la mañana siguiente el panorama no era realmente favorable. Había caído una importante nevada que nos mantuvo en el refugio un día mas. Fuera de recorrer el bosque alrededor y comer rico, no hubo más que esperar.

 

La montaña y su carácter

Dejó de nevar pero ya teníamos dos días de retraso. Era ahora o nunca y decidimos emprender el ascenso. Logramos subir un poco la montaña y llegar a un lugar donde armar campamento y refugiarnos para descansar, comer y reponer energías para la siguiente jornada.

Pero el paisaje no fue realmente prometedor. A esa altura, bajo las condiciones climáticas en las que nos encontrábamos, ya era claro que la cima no era un objetivo alcanzable. Nos propusimos llegar tan alto como las piernas nos lo permitieran y, entonces, caminar, contemplar y disfrutar se transformó en nuestro nuevo objetivo.

Monte San Lorenzo

Queríamos llegar al Paso del Comedor. Este punto sería decisivo para evaluar qué tanto más podríamos avanzar. La verdad es que ni siquiera logramos ascender hasta este punto. La montaña no nos dio el paso. Luego de algunas horas de caminata dificultosa entre bolones de piedra cubiertos de nieve, nuestros pasos eran bastante inestables y Stefano se comenzó a inquietar por la dificultad con que Giannina lograba avanzar. Su condición física no estaba tan bien como pensaban.

Decidimos regresar hasta la zona de acampar y agradecieron no sentirse sobre exigidos por lo que pudo ser mi desafío como guía.

 

El regreso  

Ya de vuelta en el Lodge Terra Luna, les esperaba un merecido descanso y las comodidades que este lugar ofrece: Comida, Spa, HotTub y camas confortables. Camino a Coyhaique aceptaron pasar a conocer las Capillas de Marmol en el lago General Carrera como única actividad fuera de la montaña que venían a subir.

Tiempo después recibí un correo electrónico de Stefano compartiéndome algunas capturas de las diapositivas del viaje y recordé cómo fue trabajar con estos dos experimentados alpinistas, que pese a su larga trayectoria en montañas preguntaban desde qué ropa usar hasta qué poner o no en su mochila.

Fue una experiencia única compartir ese tiempo con dos personas profundamente conectadas con la montaña y por sobre todo con la experiencia mas que con la cumbre en sí. Quizás por el formato al que ellos acostumbran o también por la confianza generada, en todo momento estuvieron tranquilos de contar conmigo como guía.

Un viaje guiado lo componen dos principales actores: Los turistas y quienes guían el viaje.  Trabajar con personas y no con “clientes” es una ventaja de quienes estamos ahí frente a frente en una expedición. Eso lo vuelve una experiencia de vida y no únicamente laboral o deportiva. Reconocernos mutuamente, pese a la diferencia cultural, generacional o de idioma es una ventaja que el turismo de intereses especiales es capaz de asumir, mas aún hoy cuando personalizar las experiencias será base para plantear una forma de turismo nuevo y sustentable.

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